La revolución de los humildes (II) – el Valor

El valor, ¿qué es el valor? ¿Ser osado sin más, o haber perdido el miedo a experimentar todo aquello que a lo largo de nuestra vida transcurre? Yo plantearía hacer una reflexión sobre el tema. ¿Cómo valoraríamos nuestro nivel de valor con respecto a tu actuación y aceptación en lo que a experimentar la vida se refiere? ¿Solemos quejarnos a menudo de nuestra suerte, o bien aceptamos con valentía las situaciones que la vida nos trae? Consideraríamos interesante el poder evaluar de una manera íntima y honesta en qué nivel creemos que estamos, no obstante esta valoración no debe ser motivo de conflicto con respecto a cómo afrontamos las cosas, actuando como sabemos sin más como entraríamos a valorar esta cuestión. El valor es libertad, independencia y aceptación, bajo mi punto de vista.

Lo que yo intento transmitir es de que el valor no es otra cosa que habernos liberado de las cadenas y de la manipulación que por el mero hecho de vivir apegados a lo que llamamos sociedad impulsan tu comportamiento para no sonar en desacorde con la melodía a la que la sociedad baila y que esto pudiera producir rechazo. Si verdaderamente deseamos ser valientes tan solo debemos liberarnos y romper las cadenas que nos atan a todas las normas y compromisos que han sido creados bajo la bandera de la convivencia para dirigirte y manipularte. Ahora bien, la convivencia es fundamental desde el respeto a una ley natural que debiera ser vital para todos y cada uno de los seres humanos que habitamos en este planeta. La liberación no quiere decir que nosotros estemos en posesión de la verdad y los demás no, por lo cual deberemos el máximo respeto a aquellos que discrepan de nosotros, de lo contrario caeríamos en el error de ser opresores en lugar de oprimidos por el mero hecho de nosotros estaríamos en posesión de la razón y los demás no.

Liberarse es vivir en paz, liberarse o mejor dicho aliviar en lo posible el peso de esa mochila pesada que arrastramos porque a veces realizamos actos que no son acordes con nuestra forma de vivir y de pensar, pero los realizamos por el mero hecho de no ser un bichos raros ante la sociedad en la que vivimos. Vivir en libertad implica valor y humildad, tan solo de esta manera se ejecuta la ley del valor.

Hoy tomamos una decisión y ésta fue que vamos a ser nosotros en estado puro, sin disfraz y sin coraza y nos mostraremos tal y como vinimos en modo original, sin ropaje que tape nuestra verdadera imagen, sin mostrar ese personaje que posiblemente fuimos creando a lo largo de los años vividos. Hoy te invitaría a que nos desnudemos y mostremos nuestro verdadero yo. ¿O es que acaso vinimos aquí para gustar a alguien? Si reflexionamos detenidamente nos daremos cuenta de que si verdaderamente deseamos gustar esto implicaría aceptar que deberemos ser como a los demás les gustaría que fuésemos, con lo cual perderíamos nuestra verdadera identidad y no seriamos más que un personaje. El prestarnos a este juego, ¿de qué nos serviría? ¿O es que tenemos miedo a mostrar nuestro verdadero yo? En la vida las relaciones y cómo nos relacionamos deberán ser parte importante para que haya autenticidad y no sean una gran mentira. Que mejor manera de relacionarnos que aquellos que converjan en nuestra vida, tan solo vean la verdad que hay en nosotros, y no otra cosa. ¿Por qué nos cuesta tanto el tomar decisiones, o es que acaso lo vemos complicado o arriesgado? Si en realidad buscamos encontrar seguridad en todo aquello que realizamos, creo francamente que andamos un poco perdidos, porque la seguridad, se basa en los miedos al fracaso, etc. Si verdaderamente conocemos nuestras cualidades ¿por qué dudamos de nosotros mismos? Vivir sin dudar implica aceptación y confianza, y creo francamente de que sin esto no vamos a ninguna parte. Las situaciones que la vida nos trae se deben reflexionar, pero nunca cuestionar porque posiblemente a veces veamos algunas de las situaciones que surgen como algo dañino o pernicioso, y por lo contrario las situaciones que la vida nos plantea tan solo son para nuestra propia evolución y comprensión.

Hoy tenemos la oportunidad de apearnos del tren en el que viajan la mayoría de nuestros semejantes, iniciar nuestro camino a pié, mirando la vida como algo hermoso y divino, viajar despacio nos permitirá poder observar y reflexionar todas las cosas con detenimiento. No debemos pretender el que los demás nos sigan sin más, porque esto debe ser una decisión personal e íntima. Sí que podría ocurrir que nuestro modo de vivir y de aceptar las cosas sea un referente para otros muchos y nuestro ejemplo induciría a otros a tomar esa decisión que un día nosotros tomamos.

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